Año IV- Número 22 Agosto - Septiembre 2010 (Bahía de Cádiz)   Versión PDF      Versión Flash

Ya a finales del siglo XIX Julio Verne preconizaba la llegada del hombre a la luna, y aquello, como otras tantas cosas que imaginamos, es hoy en día una realidad. El hombre continúa, desde hace ahora 40 años, recordando una gesta que puso en vilo a toda una generación no sólo de un país, de un credo, ni de un ideario político, sino que fué y es, aún, el hito que marcó un antes y un después en la visión de la insignificancia del hombre frente al Universo, pero también la certeza de cómo al fin algo podía ser “un gran paso para la humanidad”. Este paso fue el culmen de una promesa, por así decirlo, de J.F. Kennedy: “Creo que esta Nación debe comprometerse así misma a lograr la meta de poner un hombre en la Luna y devolverle sano y salvo a la Tierra, antes de que concluya esta década”. La Guerra Fría había convertido a los soviéticos en la primera potencia espacial y algo con semejante golpe de efecto como la conquista de la Luna conseguiría, no sólo alcanzar su nivel, sino sobrepasarlo.

A los astronautas de la época se les podría comparar, ahora desde la distancia, con  aquello que se decía de los conductores de principios del siglo XX, esos locos con sus locos cacharros. Los avances tecnológicos que han traído son numerosos, puesto que cada peldaño para llegar la Luna se encontró con un obstáculo.

Cuarenta años después, disfrutamos de muchos de los avances que sirvieron para poner al hombre en la Luna. Sólo por mencionar algunos:

Por ejemplo, los productos deshidratados y congelados, que resuelven el problema de los astronautas y que permiten que los alimentos procesados de esta manera conserven sus nutrientes y sabor, son uso habitual en la industria alimentaria.

El reciclado de los fluídos durante las misiones de los Apollo, ha dado como resultado una técnica para eliminar los productos tóxicos de los líquidos. Aplicando esto a la medicina la diálisis es ahora más eficaz, dando más calidad de vida a los enfermos de riñón.

Usando los mismos materiales que se usaron para la indumentaria de las misiones, se construyen carpas y estructuras que son más económicas que si se fabricaran de manera tradicional, y además con la base del color blanco, el teflón cubierto de fibra de vidrio deja pasar la luz natural y con ello se obtiene un evidente ahorro energético.

Como curiosidad, España tiene un papel relevante en esta historia. Fresnedillas es una pequeña población en la sierra norte de Madrid, en la que la NASA instaló a mediados de los años 60  una estación de seguimiento espacial.

Esta era una de las tres que, junto a la de Australia y Estados Unidos, hacían posible una comunicación continua con nuestro planeta. La estación de Fresnedillas ha estado operativa durante casi 30 años y ha participado en numerosos e importantes proyectos: Apollo, Skylab, Apollo-Soyuz, y Space Shuttle, así como una lista de treinta satélites interplanetarios y orbitales terrestres.

Todo son anécdotas que recuerdan el paso a paso de un viaje de sólo diez días y de todos los que lo vivieron en primera persona, ya fuese como protagonista o como espectador por televisión. Y siempre, acompañando a la hazaña, el mito de que el hombre, en ese primer viaje, no había llegado realmente a la Luna.

Se ha intentado comparar la llegada del hombre a la Luna con el descubrimiento de América, pero es difícil valorar esta comparación. Mientras que el descubrimiento del nuevo continente supuso ver cómo de inmenso era nuestro mundo, la llegada del hombre a la Luna fué ver el espacio con otros ojos y comprobar, efectivamente, la insignificancia del hombre en el Universo.


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